Mi producción actual se sitúa en la tensión entre el ser humano y la tecnología, entendida como un sistema ambiguo de control y posibilidad. Investigo políticas de resistencia en un escenario donde la técnica deja de estar al servicio del hombre y configura una nueva naturaleza mediada por lo digital, la virtualidad y las redes.
En este contexto, el cuerpo deja de ocupar un lugar central y aparece como materia absorbida, modificada o expulsada por estructuras que lo exceden. La inteligencia artificial y los dispositivos digitales no son herramientas neutras, sino fuerzas simbólicas que reorganizan la percepción y los regímenes contemporáneos de representación.
Entiendo el dibujo como un sistema de pensamiento y forma de resistencia frente a la tecnificación de la imagen. Utilizo recursos tecnológicos en la producción, pero el acto de dibujar opera de manera inversa a la lógica técnica. Allí donde la tecnología tiende a automatizar y abstraer, el dibujo introduce tiempo, error y huella corporal. Tensionando y humanizando a la máquina.

