Desde el comienzo he visto nacer a la red, construída por fragmentos de la humanidad se constituye en un tejido de relaciones que crece de manera exponencial. La nube se presenta como la internet del mañana, un espacio donde depositar nuestra vida entera. Acciones y pensamientos quedarán fundidos dejando un rastro indisoluble. La nube seduce a los entusiastas y optimistas, que tras la gran promesa, se entrelazan amigables en los brazos permeables de una red que exige saber cada vez más de nosotros.
Desde su comienzo, la red se constituye en un tejido de relaciones que crece de manera exponencial. La nube se presenta como la internet del mañana, un espacio donde depositar nuestra vida entera. Acciones y pensamientos quedarán fundidos dejando un rastro indisoluble. La nube seduce a los entusiastas y optimistas, que tras la gran promesa, se entrelazan amigables en los brazos permeables de una red que exige saber cada vez más de nosotros.
La nube es un tejido de relaciones que crece de manera exponencial, un espacio donde depositar nuestra vida entera. La nube, con sus redes, seduce a los entusiastas y optimistas, que tras “la gran promesa” de la tecnología, se entrelazan amigables en los magnéticos brazos de una red, que exige saber cada vez más de nosotros. Hoy como nunca antes en la historia, acciones, imágenes y pensamientos otrora efímeros, quedarán fundidos en un éter de rastro indisoluble.
Nahuel Rando 2012
