El mundo es complejo, las opiniones y los puntos de vista sobran, por cada movimiento vendrá otro movimiento, los errores no existen, ya que un desacierto sirve de precedente, el hombre se trasciende a si mismo legando a los siguientes su trabajo y su modus operandi, para copiar rehacer u evitar, pero intentando no retroceder.
Los colores que percibimos son en realidad materia en movimiento, la quietud no puede percibirse, nada esta estático, las diferencias generan movimiento, y la energía nunca se pierde, un cuerpo radiante se desintegra lentamente, brindando su existencia al entorno. Podemos dar y recibir, o perecer consumidos en nuestro propio ego.
Algunas sociedades depositan sus esperanzas, inquietudes y necesidades en un individuo, este fluorece ante ellos y se destaca, lo paradójico de todo esto es que él no posee en sí algo especial, pero sabe como arreglarse para que los demás no lo noten y se vean reflejados en él, son grandes mentirosos y utilizan la energía ajena para mantenerse siempre encendidos aunque por dentro estén consumidos, destruyen lo que los rodea como el foco al insecto, queriendo marcar el camino, un destino único que los devorará. Otros en cambio eternos depresivos, se odian, odian esta naturaleza y viven a la sombra, eternamente para que otros se destaquen, son azules y violáceos, el naranja que nace del rojo y el amarillo encuentra en estos la frecuencia perfecta para fluorecer, pero al quedar aislado no puede otra cosa que obscurecerse y volverse marrón; lejos de el excedente ajeno dejan un suelo fértil para que las ideas se multipliquen.
En este momento me siento marrón, menos espiritual que un pez, lo suficiente vibrante para subsistir como individuo sin perecer e integrarme con la nulidad, culturalmente tenemos un nombre para describir este estado de los naranjas, tierra siena, tierra tostada, Marrón, naranjas sin iluminación; el azul sin luz será un azul oscuro, el rojo un rojo oscuro, el verde y el amarillo también, pero el naranja será marrón, tenemos ese nombre para llamarlo.
Espero el tiempo que las semillas depositadas en mi crezcan, grow, green, grass, verde, verde fresco que adoraba en mi infancia, olvidado, esperando que vuelva, color de la clorofila, responsable de materializar la luz solar y conservarla en energía química, base de la vida animal, animada a nuestros ojos, a nuestra conciencia, a nuestro espectro, que percibimos desde el calor radiante mediante nuestro tacto; hasta el ultravioleta que degrada nuestros ojos y nuestros tejidos. Los demás colores pasan a través de nosotros sin que lo sepamos.
Quizás un rayo cósmico nos atavíese en este instante sin que lo notemos, quizás una antigua puerta metálica entre en fase y nos traduzca las ondas de radio AM en una vibración audible a nuestros oídos, quizás un campo magnético alinee nuestros átomos sin que cambiemos notablemente de forma. Ojalá que usemos todo nuestro cerebro, aunque los resultados sean incoherentes, quizás nos entendamos en esa incoherencia. ¿La materia es indivisible? ¿Los átomos son indivisibles? ¿Los cuantos lo son? hasta donde se extiende el espectro, ¿es infinito acaso? ¿Cuántos infinitos existen? ¿Solo 3? ¿Otra vez ese numero? y que me dicen del 7, siete notas siete colores, y los sólidos platónicos, solo esos, no hay más…
Nahuel Rando

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